Historia de un abeto, en Navidad

Allá en el bosque crecía un joven abeto.

Tenía un buen sitio y disponía de sol y aire más que suficientes.

En torno suyo crecían muchos compañeros mayores, abetos y pinos.

Pero el pequeño abeto tenía mucha prisa por crecer.

(Andersen, 1844)

Desde la perspectiva de la botánica –discurso descriptivo- el abeto pertenece al género Abies; originario del hemisferio norte y crece en los bosques de coníferas a altas latitudes. Puede alcanzar una altura que oscila entre los 10 y los 80 metros, con un aspecto piramidal. Sus hojas son aciculares –que tiene forma de aguja–  de color verde o verde-azulado. Sus frutos son conos cilíndricos de 5 a 30 cm. de largo, compactos y muy duros. Es una planta a la que se han dado varios usos como árbol de jardín, madera, y lamentablemente para el pobre abeto, como árbol de Navidad.

Dentro del género literario, Hans Christian Andersen (1805-1875) considerado maestro universal del cuento infantil, fue autor de cuentos clásicos para niños con un profundo sentido moral y filosófico. Sus temas más recurrentes fueron la muerte como liberadora o como prolongación de la vida; la disconformidad con la propia suerte; los objetos, animales o plantas son humanizados con voz y sentimientos propios. En sus relatos hay un predominio femenino entre sus protagonistas; la belleza de la naturaleza es descripta poéticamente en sus narraciones. Su obra está impregnada del folklore de los países nórdicos y sus cuentos son habitados por duendes, hadas, elfos, brujas, y árboles que pueden hablar.

El abeto es la historia de un árbol joven que solo sueña con hacerse mayor para ir a la ciudad, es decir que no está conforme con su propia suerte: ser un abeto de gran belleza que crece en un bosque habitado por animales que lo visitan y le hablan de horizontes lejanos que parecen ser tanto más atractivos que un bosque. “No disfrutaba con los rayos del sol, ni con los pájaros ni con las nubes rojas, que al amanecer y en el ocaso del día circulaban sobre él. Cuando llegó el invierno y la blanca nieve centelleaba a su alrededor, venía corriendo con frecuencia una liebre y daba saltos sobre el arbolito ¡Oh, era tan fastidioso! Pero pasaron dos inviernos y al tercero, el árbol era tan grande que la liebre tuvo que correr alrededor suyo. Oh, crecer, hacerse grande y viejo era el único placer de este mundo, pensaba el árbol”.

“Cuando se aproximaba la Navidad fueron cortados muchos árboles jóvenes, árboles que con frecuencia no eran mayores ni de más edad que este abeto, que no tenía paz ni sosiego, sino que siempre quería marcharse. Estos jóvenes árboles, que eran precisamente los más hermosos, conservaban siempre sus ramas, eran colocados en los carros y los caballos los sacaban del bosque”. A nivel del lenguaje connotado el autor apela a la disconformidad como emoción negativa, en la personificación como figura retórica reiterada se humaniza al abeto que sufre y que espera el gran acontecimiento que le traerá la paz. “Y en Navidad fue el primero que cortaron. El hacha se hincó hondo en la madera. El árbol cayó a tierra con un gemido. Sintió un pesar, un desmayo, y dejó de tener pensamientos felices… La marcha no tenía nada de agradable”.

En esta ilustración literaria de la tapa del libro, se percibe la perspectiva que relata el autor desde el punto de vista de los pájaros. La ilustradora enfatiza como argumento visual la imagen de los dos gorriones que desde la ventana observan un mundo idílico que luego describen mediante una hipérbole visual al abeto. Se observa una imagen parcial del abeto engalanado con luces y adornos y dos niños admirándolo. “¡Nosotros lo sabemos, nosotros lo sabemos! –piaron los gorriones-. Hemos estado mirando por las ventanas allá en la ciudad. ¡Nosotros sabemos dónde los llevan! ¡Oh!, les espera el esplendor y la gloria mayores que pueda imaginarse. Hemos mirado por las ventanas y hemos visto que los colocan en medio de confortables salones y los adornan con las cosas más preciosas, como manzanas doradas, bollos de miel, juguetes y cientos de luces”. Los gorriones son observadores de una escena que sucede en el interior de una gran casa, lo desconocido es magnificado por los dos narradores que ignoran cómo se suceden los acontecimientos luego del efímero momento de gloria de ese abeto.

En la segunda ilustración seleccionada, en esta tapa el ilustrador utiliza como argumento visual –para enfatizar su punto de vista sobre la historia– la imagen de los niños, muestra a los observadores infantiles que contemplan admirados al gran abeto. Los niños visten de fiesta acorde a la celebración, en un segundo plano se observa el fondo de una gran casa. “Después vinieron unos criados totalmente uniformados y llevaron el abeto a un hermoso salón. En torno a sus paredes colgaban retratos, y junto a la gran estufa de porcelana había grandes jarrones chinos con leones en las tapas…Y el abeto fue plantado en una gran cuba llena de arena…Tanto los criados como las señoritas de la casa vinieron a adorarlo”. Del gran protagonista, el abeto, solo se observa –sinécdoque visual– el extremo de una de sus ramas. En la imagen se enfatiza la admiración y el asombro infantil frente a la grandiosidad del árbol, un momento de gloria tan breve como la duración de la celebración.

Cuando pasa la Navidad el ya considerado “viejo árbol” es arrojado a un cuarto oscuro y luego arrastrado para ser convertido en leña. Todo sucede tan vertiginosamente que el joven abeto, tarde se da cuenta que su auténtico esplendor se apagó en el momento que lo arrancaron del bosque.

Fuente consultada:

Andersen, Ch. (1844) El Abeto. Disponible en: http://www.rinconcastellano.com/cuentos/andersen/andersen_abeto.html# https://todoarboles.com/abeto/